En diálogo con No Mientan Más, al ser consultada sobre lo que significó sumarse al proyecto, destacó el trabajo de Mariana Enríquez: “Es una escritora de la que soy bastante fan desde antes, y Pablo Larraín me parece un director fantástico. El hecho de que estas dos potencias se saluden y se me juntaran dos artistas de lenguajes diferentes, pero con cosas en común, me parecía ya muy alucinante”.
Asimismo, reflexionó sobre la complejidad de trasladar el lenguaje literario a la pantalla: “Siempre es un desafío llevar la literatura al audiovisual; son dos artes que dialogan con tensiones de por medio. El desafío general era ver cómo trasladar esos mundos, esos climas y esa narrativa tan propia de Mariana al lenguaje audiovisual”.
“La serie tiene un riesgo artístico que está un poco fuera del algoritmo, y eso me da mucho orgullo”, concluyó.