De cara a los anuncios sobre el Banco Central, el diputado nacional, Roberto Feletti adelantó que “nos quieren volver a la Carta Orgánica de la Convertibilidad” y agregó que en ese contexto “la discusión clave es si Argentina puede tener una moneda o no”. Y estimó que es posible que estos cambios los “pida en perspectiva” el FMI buscando “un Banco Central que se autonomice del poder político (aunque no ocurra en ninguna parte del mundo) y así evitar que “si llega un gobierno popular pueda desarrollar una política monetaria más autónoma del sector externo”.
Feletti, que participó de la última reforma de la carta orgánica del BCRA en 2012, como titular de la comisión de Presupuesto, detalló que en ese momento lo que se buscó fue “que la política monetaria se armonizarse con el nivel de actividad y la política de precios en una economía expansiva”. Por ello, lo que se dispone es “dotar al BCRA de la posibilidad de ejecutar un programa monetario que de medios de pago en una economía en expansión”.
Seguido, analizó que “la emisión monetaria no es autónoma del sector externo o de la capacidad del Banco Central de acumular dólares. Pero, Argentina es un país de tamaño medio, con una economía diversa y diferentes activos que le permite tener cierta autonomía entre la oferta de divisas y la emisión monetaria”.
En ese marco, señaló que es posible que “el Presidente plantee que la función del Banco Central sea preservar el valor de la moneda y por tanto nadie va a poder emitir si no tiene un dólar” y enfatizó que “entonces lo que hay que recordar es que ese modelo monetario llevó a la Argentina a una economía de trueque nacional y a la aparición de cuasi monedas, que fue la respuesta que dieron las provincias a la falta de medios de pago” porque “se colocó la economía en función del sector externo”.
Feletti agregó que al escenario que se planteó para fines de los 90, la presidencia de Javier Milei tiene un agravante que es “que no junta dólares en el Banco Central dado que frente a una oferta de 80 mil millones, solo acumuló 20 mil millones”.
Y concluyó que “el límite al proceso recesivo y de ajuste es político” más que nada porque “está entrampado en el proceso recesivo precisamente por el clima de valorización financiera, que le sirve a los especuladores, pero no para pagar la deuda ni para ganar las elecciones”.