La Escuela Agraria N° 1 de Las Flores, con más de 200 alumnos, combina aula y campo en la gestión de entornos productivos. Recientemente, la cooperadora realizó nuevas inversiones: adquirió una manga para el sector de cría y sumó bastones de lectura electrónica para cumplir con la normativa de registro e identificación de la hacienda.
El ingeniero José María Cagigas destacó la impronta institucional: “El sello distintivo de la escuela es formar en valores, nosotros nos abocamos mucho a la formación integral, nos importa formar buenas personas y técnicos reconocidos por sus habilidades”.
Sobre el perfil profesional, explicó: “El técnico agropecuario no es mano de obra calificada, sino un técnico que tiene un perfil definido, que tiene funciones en la parte vegetal, desde la implantación de los cultivos y la cosecha; en la parte animal el cuidado, bienestar, alimentación, sanidad y manejos. Luego operaciones con maquinarias y herramientas y por último la industria, porque la orientación es agroindustria. Toda la materia prima que surge de la producción vegetal o animal se transforma en alimento y ese es el lema de la escuela: que los chicos valoren lo que es producir alimentos, no sólo para abastecer al comedor, sino también como una fuente de ingresos”.
En cuanto a los proyectos productivos, Cagigas subrayó que el entorno formativo más importante es la ganadería de cría, representativa de la cuenca del Salado. “También derivó la creación de la cabaña ‘La Deseada’ donde tuvimos los primeros nacimientos de los embriones que se implantaron y parte de esa biotecnología trata de que, con esa genética, se pueda mejorar el rodeo de cría y por qué no vender algún reproductor o reproductora para pequeños productores”, detalló.
Con estas iniciativas, la institución busca consolidar su rol como referente en la formación agropecuaria integral, aportando innovación y valores al desarrollo regional.