En diálogo con radio Provincia, opinó que "es muy interesante que haya llegado hasta la Iglesia esto. Quizás hace un año ya se empezaba a usar y había mucho ruido al respecto, pero no dejaba de ser un juguete sobre el cual uno se preguntaba hasta dónde es útil en serio, hasta dónde realmente va a cambiar las cosas".
De acuerdo con el especialista, “tenemos debates que eran de libros de ciencia ficción: si las armas pueden de manera autónoma decidir matar a alguien, si en el futuro nosotros vamos a ser reemplazados por la inteligencia artificial para el trabajo, cómo se distribuye ese valor si termina de suceder, si vamos a tener películas personalizadas para cada uno de nosotros generadas en tiempo real".
"Sobre todas las cosas, no parece tener un techo. Es decir, parece que es bastante exponencial porque a medida que mejoran los modelos, se mejoran cada vez más rápido a sí mismos", explicó el investigador.
Esta aceleración ha encendido alarmas sobre la necesidad de mantener el control humano en ciertas áreas críticas. "El problema que ve la Iglesia es si terminamos automatizando cosas que nunca deberían salir del control de los humanos, como puede ser vigilar, como pueden ser las armas autónomas específicamente. La Iglesia habla de desarmar a la inteligencia artificial, no de apagarla", precisó Daicz, quien también destacó la preocupación por la concentración de poder: "La concentración tecnológica del capital en muy pocas empresas que van a tomar decisiones que normalmente toman los Estados".
Finalmente, al ser consultado sobre la posibilidad de regular esta tecnología, Daicz sostuvo que “por un lado, en el mundo hay una guerra fría entre Estados Unidos y China, en la que ninguno de los dos la quiere regular mucho, porque no quiere quedarse atrás del otro en una tecnología que, claramente, el que mejor la domine va a tener un poderío militar y político: si vos tenés una herramienta que puede vulnerar los sistemas de seguridad de tu adversario, o los hospitales, o que puede generar empresas que son diez veces más productivas que las normales, ellos no quieren quedarse atrás ni por derechos de autor, ni por reclamos sectoriales", concluyó.