En el Holograma y la Anchoa guardamos el pensamiento de Bruno Gelber quien desde su primera infancia vivió el ambiente musical familiar. Se crió con su padre violinista en la Orquesta del Teatro Colón de Buenos Aires y una madre pianista.
En diálogo con REP, Gelber dijo que "uno lleva en uno el espejo necesario para el tipo de música que le gusta". Además, resaltó que 'a la gente joven la música le llega a los oídos con esos golpes fuertes y de manera muy fácil. Les llegó por la curiosidad y así se conquista a quienes no buscan otra cosa, pero nuestra música es maravillosa y tendríamos que tener más difusión, sponsors que organicen conciertos. No debería ser difícil".
Único e irrepetible, Gelber señaló que "la música entra por el oido, el sentimiento. Hay que hacer escuchar a los chicos eso que nos gusta y como están tan avanzados lo van a entender". Luego, contó que "lo más difícil para el es tocar las octavas porque tengo mano chica. Tocar el piano no es fácil y el violín tampoco. Lo toqué una sola vez y fue papá quien me dió las indicaciones, Pero en tres horas que estuve no pude sacarle el sonido. Entonces volví feliz al piano".
Sobre sus primeros años con la música, recordó que "por mi oido, mis padres me eligieron como alumno porque no querían que mi madre sea mi maestra. Ella era muy seria y cuando daba clases no me dejaba ni hablar, así que me quedaba al lado quietito. Pero sabía que eso era peligroso porque yo iba a aprender de oido y mal, entonces a escondidas de mi padre decidió enseñarme música, desde los cuatro años".
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